El costoso rescate de Pemex: ¿valió la pena?

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Con un costo superior al 3% del PIB, la petrolera arrastra deudas, baja producción y sin avances claros en autosuficiencia energética.

Mantener a Petróleos Mexicanos (Pemex) a flote ha sido una de las principales apuestas económicas de México en los últimos años. Según el discurso oficial, se trata de una cuestión de seguridad energética y autosuficiencia. Sin embargo, pese a los millonarios recursos destinados al llamado “Rescate a Pemex”, los resultados distan de ser satisfactorios.

Durante el sexenio del expresidente Andrés Manuel López Obrador, el rescate de la empresa productiva del Estado costó alrededor de 1.1 billones de pesos, sumando transferencias directas desde la Secretaría de Hacienda y diversos beneficios fiscales. Esto representa cerca del 3% del PIB nacional y 12% del presupuesto federal anual destinado a una sola empresa.

Pero a pesar de ese esfuerzo financiero, México no logró reducir su dependencia de combustibles importados. Tanto las gasolinas como el gas, que representan los principales consumos energéticos del país, siguen siendo importados casi en su totalidad desde Estados Unidos, un proveedor cuya estabilidad política y económica es cada vez más incierta. Las importaciones cubren aproximadamente el 70% del consumo nacional.

En cuanto a la producción petrolera, los números muestran retrocesos. El promedio de extracción de crudo se ubicó en 1.5 millones de barriles diarios durante el sexenio pasado, una cifra no vista en décadas. Para compensar, las autoridades optaron por incluir condensados (líquidos derivados del gas) dentro de las cifras, una práctica heredada a la administración actual de Víctor Rodríguez Padilla.

El objetivo sigue siendo reducir las exportaciones de petróleo crudo y destinarlo al procesamiento en las refinerías mexicanas, particularmente en el polémico proyecto de Dos Bocas. Sin embargo, alcanzar una producción sostenida de 1.8 millones de barriles diarios sigue siendo una meta lejana.

La importancia de Pemex va más allá de su peso histórico o político. Su relevancia sigue marcando el desarrollo económico regional. El caso más emblemático es el de Tabasco, estado natal del expresidente López Obrador. Antes de la construcción de la Refinería Olmeca, Tabasco era uno de los estados más rezagados en competitividad económica. La inversión de aproximadamente 20 mil millones de dólares impulsó temporalmente la economía estatal, logrando que Tabasco escalara del lugar 25 al 20 en el Índice de Competitividad Estatal del IMCO en 2023. No obstante, al concluir la obra, la economía local volvió a caer al sitio 25.

Por si fuera poco, Pemex enfrenta deudas millonarias con sus proveedores. La petrolera arrastra pasivos por más de 404 mil millones de pesos, correspondientes a más de 3,800 facturas pendientes de pago. Las empresas contratistas han advertido que la situación es insostenible y que no pueden seguir trabajando sólo con promesas.

Este año, Pemex contará con 6 mil millones de dólares adicionales para cubrir vencimientos de deuda, 21% menos que en 2024. Pero la ayuda financiera parece no tener fin, y sin compromisos claros de eficiencia operativa o financiera, el futuro sigue incierto.

El verdadero “rescate” a Pemex no vendrá solo con inyecciones presupuestales, sino con reformas estructurales profundas que mejoren su eficiencia y competitividad. Por ahora, los números rojos siguen siendo el sello de la petrolera mexicana.

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