Después de semanas de tensión dentro del grupo parlamentario de Morena, la Cámara de Diputados eligió este martes a la panista Kenia López Rabadán como nueva presidenta de la Mesa Directiva. La aprobación fue contundente: 435 votos a favor, cuatro en contra y cero abstenciones.
“Seré garante de un Congreso que trabaje con legalidad, institucionalidad, pluralidad y, sobre todo, con el compromiso de construir un país más justo, democrático e incluyente”, dijo López Rabadán tras rendir protesta, en un discurso dirigido tanto a aliados como a detractores.
La jugada de Monreal
Lo que parecía una concesión a la oposición terminó convirtiéndose en un golpe de ajedrez de Ricardo Monreal. El zacatecano logró colocar como primer vicepresidente a Sergio Gutiérrez Luna, expresidente de la Cámara y uno de sus operadores más cercanos.
La decisión desató molestia entre los llamados “duros” de Morena, que apostaban por mantener el control con perfiles como Leonel Godoy y Dolores Padierna. Esta última reaccionó con enojo: “La vicepresidenta de la Cámara soy yo. La vicepresidencia está ocupada”, dijo el fin de semana, anticipando la fractura interna.
Reacomodo rumbo a 2027
La tercera vicepresidencia fue para Raúl Bolaños-Cacho Cué del Partido Verde, otro aliado de Monreal. Con esta alineación, el zacatecano consiguió armar una Mesa Directiva en la que la oposición aparece al frente, pero los contrapesos internos quedan bajo su influencia.
Monreal justificó su maniobra ante la presidenta Claudia Sheinbaum, argumentando que entregar la presidencia de la Cámara a la oposición este año era conveniente porque en 2027 arrancará el proceso electoral. “Imagínense tener todo el tiempo a la oposición en el presidium”, dijo con pragmatismo.
El resultado: Sheinbaum cedió, la oposición celebra, pero Monreal volvió a demostrar que, en la política mexicana, el que mueve los hilos no siempre está en el centro del escenario.
