Huey Atlixcáyotl celebra 60 años de tradición y cultura en Atlixco

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El Huey Atlixcáyotl, una de las celebraciones más emblemáticas de Puebla, llegó a sus 60 años de historia reuniendo a miles de visitantes en el cerro de San Miguel, en Atlixco. El gobernador Alejandro Armenta Mier, en su primer festival como titular del Ejecutivo estatal, inauguró la edición al recibir el bastón de mando de la Xochicihuatl o “mujer flor”, honor que este año recayó en Godulia González Palacios, originaria de Chilac. Con este acto simbólico se dio inicio a la llamada “Gran Fiesta de Atlixco”.

El festival abrió con el tradicional “Baile del convite y las calabazas”, una pieza que rememora los bailes de pareja de principios del siglo XX a los que acudían jóvenes de familias acaudaladas de Atlixco. Al finalizar, los bailarines ofrecieron al público dulces típicos, fruta y mezcal como símbolo de compartir su herencia cultural.

La programación incluyó expresiones representativas de distintas regiones poblanas, como los Huehues de Zapotitlán de Méndez y su danza Lakakgoloniv, dedicada a la Santa Cruz y a la gratitud por las cosechas; así como la danza de los segadores de San Salvador el Verde, que recuerda la vida de los campesinos bajo las antiguas haciendas. Otro momento especial fue la presentación de la “Danza de los Coyometl” de Santa María Coyomeapan, que narra el mestizaje y en la que el color rosa simboliza la bondad, mientras la corona representa nobleza y herencia ancestral.

El Huey Atlixcáyotl es un orgullo para Puebla por su capacidad de mantener viva la identidad cultural aun en tiempos difíciles: durante la pandemia de Covid-19 se realizó sin público y fue transmitido en línea. Este año, más de 600 danzantes de 13 regiones —entre ellas comunidades nahuas, totonacas, tepehuas, otomíes, mixtecas, popolocas, mazatecas y criollas— se presentaron ante un público estimado en 15 mil asistentes. La celebración también incluyó danzas icónicas como los voladores de Cuetzalan y los Tecuanes de Izúcar de Matamoros.

Además de su relevancia cultural, el festival dejó una derrama económica superior a los 10 millones de pesos para Atlixco, consolidándose como un motor turístico y una vitrina para el patrimonio vivo del estado. Su permanencia por seis décadas confirma al Huey Atlixcáyotl como una tradición que une a las comunidades, celebra la diversidad y preserva la riqueza cultural poblana para nuevas generaciones.

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