Donald Trump ha desatado una guerra comercial global que marcará un antes y un después en la economía mundial, al menos durante su administración. Sus nuevas políticas arancelarias ponen en riesgo el desarrollo y la estabilidad económica de varias naciones.
El expresidente de Estados Unidos impuso aranceles del 25 % a México y Canadá, sus socios en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), fracturando así una alianza estratégica que, hasta ahora, representaba el 30 % del Producto Interno Bruto (PIB) mundial.
Además, Trump ha lanzado amenazas adicionales en caso de que México y Canadá presenten reclamos, lo que no tardó en ocurrir. En particular, la administración de Claudia Sheinbaum Pardo respondió con firmeza tras las acusaciones de la Casa Blanca de presuntas colusiones con los cárteles de la droga.
La Presidenta de México denunció la hipocresía de los gobiernos estadounidenses, incluida la administración Trump, por señalar a otros países sin abordar de manera efectiva la crisis de los opioides, que mata a miles de jóvenes en Estados Unidos cada año, ni el tráfico indiscriminado de armas que alimenta la violencia fuera de sus fronteras.
Desde su residencia en Mar-a-Lago, Florida, Trump firmó las órdenes ejecutivas que pusieron en vigor los nuevos impuestos, bajo un argumento que ha sido ampliamente cuestionado: proteger a los ciudadanos estadounidenses del tráfico de drogas, en particular del fentanilo. Sin embargo, Estados Unidos ha enfrentado esta crisis durante décadas sin haber logrado erradicarla.
Diversos medios internacionales, incluidos los estadounidenses, advirtieron de inmediato sobre las consecuencias de la decisión de Trump de imponer aranceles del 25 % a sus principales socios comerciales, además de aplicar un 10 % de impuestos al intercambio con China, nación a la que Estados Unidos ha aumentado aranceles de manera progresiva en los últimos años.
