Donald Trump declaró “emergencia pública” en la capital de Estados Unidos y tomó control de la policía local, desplegando 800 soldados de la Guardia Nacional y cientos de agentes federales.
El presidente justificó la medida con comparaciones falsas sobre homicidios, asegurando que Washington es más violenta que Bogotá o Ciudad de México, pese a que las cifras oficiales muestran un desplome del crimen: homicidios -65% y robos de autos -75% desde 2023.
La orden ejecutiva coloca a los 3,400 policías metropolitanos bajo mando del Departamento de Justicia, con el administrador de la DEA como comisionado interino. Trump prometió “retomar la capital” y detener a todas las personas sin techo, para luego “deportarlas muy lejos”.
La alcaldesa Muriel Bowser rechazó las afirmaciones y advirtió que la ciudad no vive un repunte de violencia. Cientos de residentes protestaron frente a la Casa Blanca con pancartas como “No a la Guardia Nacional” y “Que se vaya Trump”.
La condición especial de Washington como distrito federal permitió a Trump intervenir sin aprobación local, reavivando sus amenazas de aplicar medidas similares en ciudades como Chicago, Los Ángeles o Nueva York. Expertos advierten que este movimiento amplía los poderes presidenciales sobre gobiernos locales opositores, en un año electoral marcado por la tensión política y la militarización de la seguridad.
