Ebrard se alinea con Trump y enfrenta el vendaval interno en la Marina

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En las últimas horas, Marcelo Ebrard ha marcado un viraje político con implicaciones internacionales y domésticas: el anuncio de aranceles contra los autos asiáticos, particularmente chinos, lo coloca en la misma trinchera que Donald Trump en su batalla geopolítica contra Pekín. El mensaje es claro: en el terreno de la electromovilidad, donde las compañías orientales llevan la delantera en México, el secretario de Economía busca contener una expansión que preocupa tanto a Washington como a la industria automotriz tradicional.

Sin embargo, la apuesta de Ebrard tiene un correlato interno aún más delicado. La crisis en la Secretaría de Marina, desatada por la captura del vicealmirante Manuel Farías acusado de robo de hidrocarburos, amenaza con salpicar su trayectoria política. El vínculo del excanciller con el exsecretario Rafael Ojeda Durán —quien fuera uno de los pocos integrantes del gabinete de López Obrador que respaldó sus planes presidenciales— se vuelve un factor de riesgo en medio de la tormenta.

Ojeda, retirado pero influyente en círculos militares y políticos, mantiene interlocución con Ebrard y llegó a obstaculizar la designación del almirante José Luis Vergara en la sucesión de la Marina. No obstante, su peso político se diluyó con la llegada de Claudia Sheinbaum, dejando como herencia una red de lealtades cuestionadas ahora por los escándalos de huachicol.

El panorama en la Marina es explosivo: un contralmirante prófugo, un suicidio en instalaciones navales, una muerte en circunstancias confusas y la trama de Altamira, donde en marzo se halló un buque cargado con combustible robado. Estos hechos, sumados a precedentes como el caso Carmona en Tamaulipas, revelan la intersección entre corrupción, hidrocarburos y proyectos electorales al interior de Morena.

Frente a este escenario, el endurecimiento de Ebrard contra China no solo responde a exigencias externas, sino también a una estrategia de distracción y afirmación de liderazgo. El mensaje parece ser doble: lealtad absoluta a Washington y capacidad de maniobra en el turbulento ajedrez interno del oficialismo.

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