Estados Unidos.— Tras meses de debate, polémica y expectativa —incluidos reproches públicos del expresidente Donald Trump—, Bad Bunny protagonizó un histórico show de medio tiempo del Super Bowl, transformando uno de los escenarios más emblemáticos del deporte estadounidense en un espacio de celebración, resistencia cultural e identidad latina.
La elección del artista puertorriqueño marcó un hito: un intérprete latino, con un repertorio íntegramente en español, encabezó el espectáculo en medio de un contexto político estadounidense marcado por discursos antiinmigrantes. Más que un concierto, el show se convirtió en un mensaje político y cultural cuidadosamente construido.
Desde el inicio, el espectáculo estuvo cargado de simbolismos. Bad Bunny apareció con un jersey que decía “Ocasio 64”, un elemento que ha generado múltiples lecturas: una posible referencia familiar, pero también una alusión histórica a la Ley Jones-Shafroth de 1917, que otorgó la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños, un tema central en la discusión sobre identidad y pertenencia.
La escenografía y narrativa visual reforzaron el mensaje latino: referencias a telenovelas, puestos de comida callejera, boxeo, bodas populares y escenas cotidianas reconocibles para millones de personas en América Latina. Una de las imágenes más comentadas fue la de un niño dormido sobre varias sillas, una escena común en celebraciones familiares latinoamericanas.
Otro momento clave fue la aparición de un niño frente al televisor, quien recibió simbólicamente un Grammy de manos de Bad Bunny, interpretado como una autorreferencia del artista a su infancia y a la posibilidad de cumplir sueños desde contextos humildes.
El espectáculo también rindió homenaje a las raíces del reggaetón, con fragmentos musicales de Tego Calderón, Daddy Yankee y Don Omar, reconociendo a quienes sentaron las bases del género urbano puertorriqueño.
En cuanto a invitados, Lady Gaga sorprendió con una versión en salsa de “Die with a Smile”, fusionada con “Baile inolvidable”, mientras que Ricky Martin apareció para introducir “Lo que le pasó a Hawai”, reforzando el diálogo intergeneracional de la música latina.
La escenografía incluyó La Marqueta, un emblemático mercado latino de Nueva York, como símbolo de la presencia histórica de la comunidad hispana en Estados Unidos. El cierre del show fue uno de los momentos más contundentes: tras pronunciar la frase “God Bless America”, Bad Bunny mencionó diversos países de América Latina, subrayando que América es un continente, no un solo país, mientras en pantalla se leía “Together We Are America”.
Finalmente, un mensaje proyectado —“La única cosa más poderosa que el odio es el amor”— fue interpretado como una respuesta directa al clima político y al discurso antiinmigrante impulsado por Donald Trump.
Con un setlist que incluyó temas como Tití me preguntó, Yo perreo sola, El apagón y Dtmf, Bad Bunny no solo ofreció un espectáculo festivo, sino que consolidó el primer show de medio tiempo del Super Bowl concebido como un manifiesto latino, donde la música fue vehículo de memoria, orgullo y resistencia cultural.
