Los pobres son cada vez más pobres y los ricos siguen enriqueciéndose. Estos datos han arrojado recientemente en diversas estadísticas económicas.
De acuerdo con el informe de Oxfam “Multilateralismo en una era de oligarquía global”, las fortunas de los ricos pasaron de representar el 3% del PIB mundial en 1987 al 13% en la actualidad, lo que equivale a 14 billones de dólares.
En la última década, América Latina ha presenciado el resurgimiento de regímenes autoritarios disfrazados de democracias. México, aunque históricamente ha sido considerado una república democrática, hoy muestra señales claras de un preocupante viraje hacia un modelo de gobierno con características de una dictadura socialista. Este cambio no solo representa un riesgo para las libertades civiles, sino que también podría tener consecuencias devastadoras para la economía nacional.
Algunas señales alarmantes son las siguientes:
• Concentración de poder: El inicio del autoritarismo
Uno de los principales signos de alarma es la creciente concentración del poder en el Ejecutivo federal. Bajo el mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador, vimos cómo se han debilitado los contrapesos institucionales, como el Poder Judicial y organismos autónomos como el Instituto Nacional Electoral (INE) o el Instituto Nacional de Transparencia (INAI). En un sistema verdaderamente democrático, estos entes garantizan la transparencia, la legalidad y la pluralidad. Han sido desmantelados con las narrativas falsas de ir en contra del gobierno y su soberanía.
• Militarización y control absoluto
El otorgamiento de funciones civiles a las Fuerzas Armadas –como la construcción de infraestructura, la vigilancia de aduanas y el manejo de aeropuertos– es otra señal clara de autoritarismo encubierto. La presencia militar en tareas que deberían ser operadas por civiles rompe con los principios básicos de una democracia y sienta las bases para un régimen de control, vigilancia y represión.
• Riesgos económicos en el horizonte
La política populista del actual gobierno, basada en subsidios directos, programas sociales y megaproyectos sin planeación técnica sólida (como el Tren Maya o la refinería Dos Bocas), ha deteriorado la confianza de los inversionistas nacionales e internacionales. Esto se traduce en menos inversión privada, fuga de capitales y escasa creación de empleos sostenibles. Además, el debilitamiento del Estado de Derecho –con reformas legales exprés, amedrentamiento a la prensa crítica y ataques constantes a empresarios– genera un ambiente de inestabilidad jurídica que ahuyenta el desarrollo económico.
¿QUE PODEMOS HACER COMO SOCIEDAD?
La defensa de la democracia y la economía debe nacer desde la ciudadanía. Informarse, votar con responsabilidad, participar activamente en la vida política y exigir rendición de cuentas son acciones cruciales. También es fundamental apoyar a los medios independientes, proteger las instituciones autónomas y fomentar la educación cívica.
México aún está a tiempo de corregir el rumbo, pero requiere una sociedad activa, crítica y comprometida con los principios de la libertad, la legalidad y la justicia. La democracia no se pierde de un día para otro; se erosiona lentamente… hasta que es demasiado tarde.
