La Guardia Revolucionaria Islámica confirmó la muerte del ayatola Alí Jamenei con un mensaje en el que calificó su fallecimiento como “martirio” y lo describió como “símbolo de virtud” frente a “los más terribles terroristas y exterminadores de la humanidad”. Horas después de que el expresidente estadounidense Donald Trump anunciara el deceso, la televisión estatal iraní ratificó la noticia en una transmisión solemne.
Jamenei, de 86 años, fue el segundo líder supremo de la República Islámica de Irán, cargo que ocupó desde 1989 tras la muerte del ayatola Ruhollah Jomeini. Antes se desempeñó como presidente entre 1981 y 1989. En el sistema político iraní, sin embargo, la jefatura del Estado recae en el líder supremo, máxima autoridad política, militar y religiosa, por encima del presidente y del Parlamento.
La muerte de Jamenei se produjo la mañana del 28 de febrero de 2026 en un ataque atribuido a Israel. En el bombardeo también fallecieron varios miembros de su familia, entre ellos una hija y un nieto. Tras confirmarse el deceso, Teherán decretó 40 días de luto oficial y siete días festivos, mientras la Guardia Revolucionaria prometió un “castigo severo” contra los responsables.
Arquitecto del rumbo político iraní
Analistas sostienen que el rumbo que tomó Irán en las últimas décadas fue diseñado en gran medida por Jamenei, quien reforzó progresivamente el papel de las fuerzas armadas y de seguridad en la conducción del país. Ahmad Salamatian, exparlamentario iraní exiliado en Francia, declaró al diario Le Monde que, bajo su liderazgo, “reemplazó el turbante por un casco militar”, en alusión al creciente protagonismo de los cuerpos armados.
Como comandante en jefe, Jamenei supervisaba tanto al Ejército como a la Guardia Revolucionaria y ejercía liderazgo sobre el llamado “eje de la resistencia”, una alianza antioccidental y antiisraelí que incluye a Hezbolá, Hamás y la Yihad Islámica Palestina, además del gobierno sirio y milicias chiitas en Irak y Yemen.
Caracterizado por su turbante negro y barba blanca, Jamenei logró mantener el equilibrio entre las distintas facciones del sistema teocrático iraní, consolidando una estructura de poder que combinó autoridad religiosa con control político y militar. Durante su mandato enfrentó sanciones internacionales, aislamiento diplomático y reiteradas protestas internas.
Trayectoria política y liderazgo de línea dura
Nacido el 16 de julio de 1939 en Mashhad, en el seno de una familia religiosa chiita, Jamenei participó activamente en el movimiento islámico que derrocó al sha Reza Pahlavi en 1979. Fue encarcelado en varias ocasiones durante la década de 1960 por su activismo opositor.
Tras la Revolución Islámica ocupó diversos cargos clave, entre ellos miembro del Consejo de la Revolución, diputado del primer Parlamento y miembro del Consejo Supremo de Defensa durante la guerra entre Irán e Irak. En 1989 asumió como líder supremo, consolidando su autoridad como máxima referencia política y religiosa del país.
Si bien en sus primeros años fue percibido en el extranjero como una figura relativamente moderada, con el tiempo fortaleció la línea dura del régimen, manteniendo la confrontación con Estados Unidos —al que calificó como el “Gran Satán”— y rechazando reconocer al Estado de Israel. Bajo su mandato se reprimieron con firmeza protestas como las de 1999, 2009, 2019 y el movimiento “Mujer, Vida, Libertad” de 2022-2023.
Jamenei tuvo seis hijos con su esposa Mansoureh Khojasteh Baqerzadeh. Aunque uno de ellos, Mojtaba Jamenei, ha sido señalado como figura influyente en la sombra, expertos consideran improbable una sucesión directa padre-hijo, dada la tradición religiosa chiita.
La muerte del líder supremo abre ahora un periodo de incertidumbre política en Irán, donde la Asamblea de Expertos deberá designar a su sucesor, en un contexto de tensiones regionales y desafíos internos acumulados durante casi cuatro décadas de liderazgo ininterrumpido.
