En un intento por reducir la dependencia del efectivo, el gobierno mexicano abrió conversaciones con Brasil para conocer de cerca el funcionamiento de PIX, el sistema de pagos electrónicos que en menos de cinco años transformó el mercado financiero de ese país sudamericano.
En el Centro Histórico de Puebla, entre vendedores de chalupas y turistas que pagan en la 5 de Mayo, casi nadie saca el celular para pagar con QR. Aquí el efectivo es ley.
Mientras tanto, en Brasil, el sistema electrónico PIX ha revolucionado los pagos en apenas cuatro años: millones de personas hacen transferencias desde el celular, desde una caipirinha en la playa hasta el pago del predial.
Esa brecha fue tema en la reunión de esta semana entre el canciller Juan Ramón de la Fuente, el director de la Agencia de Transformación Digital José Peña Merino y el presidente del Banco Central de Brasil. El gobierno mexicano quiere replicar el modelo brasileño, pero en Puebla la realidad muestra lo difícil que será.
Banxico lanzó en 2019 CoDi, su propia app de pagos digitales. El plan era ambicioso: 18 millones de usuarios en su primer año. La realidad: apenas 3.8 millones en más de cinco años. En mercados como El Carmen o La Acocota, el QR no reemplaza al billete de 200 con Benito Juárez.
El problema no es sólo cultural: en el interior del estado los programas sociales aún se reparten en efectivo, y gran parte de la población no tiene acceso a internet estable o cuentas bancarias. Mientras PIX se consolidó en Brasil porque fue universal y práctico, en México la dispersión digital se estanca.
Y todo ocurre en un contexto tenso: Estados Unidos presiona a México para reducir el flujo de efectivo vinculado al narcotráfico. El gobierno de Donald Trump lo puso en la mesa, y la urgencia política choca con la vida diaria en Puebla, donde pagar un viaje en combi con el celular todavía parece ciencia ficción.
