Caminar por el Centro Histórico se ha convertido en toda una odisea. Entre gritos de “¡bara, bara!”, puestos improvisados en cada esquina y el paso constante de bicitaxis y diableros que avisan con un “¡ahí va el golpe!”, las calles dejaron de ser espacios peatonales para transformarse en un enorme mercado a cielo abierto.
De acuerdo con la Plataforma Nacional de Transparencia, hoy se contabilizan 14 mil comerciantes informales en la zona del Centro y la Alameda, un crecimiento del 50 por ciento en apenas tres años. En 2021, la Subsecretaría de Programas de Alcaldías y Reordenamiento de la Vía Pública registraba poco más de 9 mil ambulantes; la cifra se disparó y con ella los problemas.
El panorama es caótico: padres de familia cargando a sus hijos pequeños en hombros para abrirse paso, motociclistas zigzagueando entre la multitud, y banquetas repletas de mercancía que obligan a caminar sobre el arroyo vehicular. Las calles Peña y Peña, Apartado, Academia, Moneda y Del Carmen, por ejemplo, se han vuelto intransitables. Incluso los accesos al Hospital General Gregorio Salas Flores están bloqueados por puestos y motos, lo que representa un riesgo para ambulancias y servicios de emergencia.
Los vecinos denuncian que su vida diaria se ha vuelto insoportable. Sandra —nombre ficticio para proteger su identidad— relata que en calles como Mesones y Ramón Corona “los ambulantes abarcan toda la banqueta, nos obligan a caminar entre los coches y, si ocurre un accidente, ni taxis ni ambulancias pueden entrar”. También acusan la proliferación de roedores alrededor de los puestos de comida, además del robo de agua y luz por parte de algunos vendedores.
El problema se extiende desde Circunvalación hasta Pino Suárez, y quienes viven en la zona lo describen como un “reto de obstáculos”. Los comerciantes, por su parte, no dejan de innovar: ahora colocan bocinas en los árboles para atraer clientes con música y anuncios a todo volumen, lo que multiplica la contaminación auditiva.
El Centro Histórico, joya patrimonial y espacio de convivencia, está atrapado entre la necesidad económica de miles de familias que dependen del comercio informal y la exigencia de vecinos que claman por recuperar la tranquilidad y el orden en sus calles.
